UNA NOVELA PARA EL MES DE LOS MUERTOS: BAJO EL VOLCÁN

Cada primero de noviembre señala una tradición occidental que celebra una evocación de los muertos. Se trata de una doble tradición, Halloween, de origen anglosajón, y la Noche de las Ánimas, afín a la cultura latina. En realidad es una celebración universal, de ahí la facilidad con que esta tradición se ha asimilado en  culturas de todo el mundo. Y no es casualidad que la fecha coincida con el inicio de la época invernal en el hemisferio norte, cuando la naturaleza paraliza su ciclo vital, y los días se acortan, transmitiendo la sensación de que las sombras y la oscuridad dominan sobre la luz del día, en noches que, con la bajada de las temperaturas, se tornan hostiles e invitan a quedarse en casa.

Tiempo también para la lectura, quizá para una literatura menos expansiva que la que se realiza gozando al aire libre del buen tiempo, más interior y reflexiva. Y en ese sentido, y no en la ficción de  terror,  se sitúa nuestra propuesta para este `mes de los muertos´ de 2017 (parafraseando el texto antológico de Mariano José de Larra “El Día de Difuntos de 1836”). El libro recomendado es Bajo el Volcán, del escritor inglés  Malcolm Lowry (https://es.wikipedia.org/wiki/Malcolm_Lowry ), y considerada una de las mejores novelas del siglo XX.

Bajo el Volcán (https://es.wikipedia.org/wiki/Bajo_el_volc%C3%A1n_(novela) ), cuenta la historia de Geoffrey Firmin, excónsul británico en la ciudad de Cuernavaca                   ( Cuauhunauac en la novela), que transcurre un Dia de los Muertos de 1938. Esa fecha, 2 de noviembre, es la gran  fiesta popular mejicana. La trama de la novela yuxtapone la bajada a los infiernos personales del protagonista, un alcohólico caído en desgracia, con una ciudad festejando la fiesta, entre macabra y propicia a los excesos.

Lowry consigue adentrarnos en un relato alucinado, de grandes dosis autobiográficas, que se contagia de los efectos del mezcal y de toda la parafernalia costumbrista de un Méjico bárbaro y ancestral. En Bajo el Volcán el horror está dentro de los vivos, y no pertenece a los pobres muertos, a los que, muchas veces, no se les deja descansar en paz.

La invitación a leer este libro bien  merece hacerse con ésta pregunta ritual: ¿Truco o trato?



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