PABLO GARCÍA BAENA: LA ETERNIDAD DEL LENGUAJE PALPITANTE

 

 

 

Recientemente fallecido, el casi centenario poeta cordobés, Pablo Garcia Baena (https://es.wikipedia.org/wiki/Pablo_Garc%C3%ADa_Baena), nos deja una obra ciertamente no muy extensa para tan larga singladura biográfica, pero de calidad fecunda. Aunque no  sorprende la escasa publicidad y difusión que tuvo su poesía durante la mayor parte de la vida del autor, apartado enseguida de la vida cultural y académica de la época, pero finalmente sí tuvo el reconocimiento y prestigio sin duda merecido.

Cofundador en su juventud cordobesa del grupo poético Cántico, la lírica de Pablo García Baena consigue que los versos palpiten intensos de vida, y en ellos  el clamor sonoro del lenguaje nos recata el sentir mismo de la existencia.

En honor a su memoria, la  de un gran poeta, os ofrecemos los versos de este poema, que pertenece a su obra “Junio”, publicada en 1.950:

 

Es la felicidad la que tiene su olor,

                                                                                                                                      olor de mes de Junio

                                                                                                             

                                                                                                                                                GABRIEL MIRÓ

BAJO TU SOMBRA, JUNIO…

 

Bajo tu sombra, Junio, salvaje parra,

ruda vid que coronas con tus pámpanos las dríadas desnudas,

que exprimes tus racimos fecundos en las siestas

sobre los cuerpos que duermen intranquilos,

unidos estrechamente a la tierra que tiembla bajo su abrazo,

con la mejilla desmayada sobre la paja de las eras,

la respiración agitada en la garganta

como hilillo de agua que corriera secreto entre las rosas

y los labios en espera del beso ansioso

que escapa de tu boca roja de dios impuro.

Bajo tu sombra, Junio,

yedra de sangre, que tiende sus hojas

embriagando de sonrisas la pared más sombría,

la piedra solitaria;

Junio, paraíso entre muros, que levantas la antorcha de tus árboles

ardiendo en la púrpura vesperal,

bajo tu sombra quiero ver madurar los frutos,

las manzanas silvestres y los higos cuajados de corales submarinos,

la barca que va dejando por los ríos lejanos sus perfumes,

los bosques, las ruinas,

las yuntas soñolientas por los caminos

y el zagal cantando con un junco en los labios.

Quiero oír el inquieto raudal de los torrentes,

el crujido de las ramas bajo el peso del nido

y el resonante silencio de las constelaciones

entreabriendo sus alas como pájaros espumantes de fuego

al fúnebre conjuro de los nocturnos pífanos.

Bajo tu sombra quiero esperar las mañanas fugitivas  de frescura

y los atardeceres largos como miradas

cuando todo mi ser es un canto al amor,

un cántico al amor entregado,

mientras las manos se curvan sobre las espaldas desnudas

y  mis párpados se tiñen con el violento jacinto de la dicha.



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